La pregunta de siempre. Nuestra respuesta; sin embargo, no tanto. Sólo trata de orientar al lector. Para ello, incidimos en focalizar la atención más bien en la misma pregunta: ¿Entendemos de verdad lo que decimos cuando nos preguntamos por “el valor o el precio de La pregunta de siempre. Nuestra respuesta; sin embargo, no tanto. Sólo trata de orientar al lector. Para ello, incidimos en focalizar la atención más bien en la misma pregunta: ¿Entendemos de verdad lo que decimos cuando nos preguntamos por “el valor o el precio de La pregunta de siempre. Nuestra respuesta; sin embargo, no tanto. Sólo trata de orientar al lector. Para ello, incidimos en focalizar la atención más bien en la misma pregunta: ¿Entendemos de verdad lo que decimos cuando nos preguntamos por “el valor o el precio de

“¿CUÁNTO VALE MI CASA?”: LAS AGENCIAS INMOBILIARIAS Y LA DETERMINACIÓN DEL VALOR DE LOS INMUEBLES.

La pregunta de siempre. Nuestra respuesta; sin embargo, no tanto. Sólo trata de orientar al lector. Para ello, incidimos en focalizar la atención más bien en la misma pregunta: ¿Entendemos de verdad lo que decimos cuando nos preguntamos por “el valor o el precio de nuestras casas”?

De acuerdo con un conocido -no siempre tenido en cuenta- principio de la Economía, el valor económico de cualquier cosa es subjetivo. Esto quiere decir que el valor-precio de cualquier bien como, por ejemplo, tu casa, no es un valor-precio real-objetivo independiente de los deseos, intereses y valoraciones particulares de los individuos que interactúan en el mercado, antes bien, que son éstos quienes lo determinan. Esto significa que, estrictamente hablando, el valor-precio de tu piso no es anterior ni independiente del acto mismo de su compraventa. Que este valor-precio, por lo tanto, no puede conocerse antes de dicha transacción. Expresado de otro modo: que el precio exacto  de un inmueble -el tuyo- sólo lo conoces en el momento mismo en el que lo compras o lo vendes (valor-precio actual). Quizá esta idea pueda parecer disparatada, pero en modo alguno lo es y debe asumirse desde el principio para no errar el tiro en nuestras estimaciones, siendo plenamente conscientes del sentido de la pregunta: “¿Cuánto vale esta casa?”. “Lo sabrás cuando la vendas o la compres”.

Teniendo presente lo que se acaba de afirmar, ya se puede introducir alguna matización. En efecto, porque sí existe una idea de valor-precio, por así decirlo, “objetivo” o “real”, que no contradice la del valor-precio subjetivo. Nos explicamos: que el precio de mi casa sea en último término cuestión subjetiva y que, por lo tanto, no se pueda conocer el precio "real-verdadero" antes de realizar alguna operación de compraventa con ella no impide que ese valor pueda anticiparse de alguna manera por aproximación (valor heurístico). Esto es viable porque el mercado (espacio virtual de librecambio) es un entramado de subjetividades que, al interactuar, generan y manifiestan tendencias o rumbos de valor. Es decir, aunque yo pueda subjetivamente ponerle el precio que quiera a mi casa (uno puede pensar y decir lo que quiera al respecto), sólo cuando yo me relaciono con otros individuos (con sus valoraciones) en el mercado me doy cuenta de si dicho precio es viable, posible y verosímil (tendencia) en un momento dado. Estas tendencias de valor-precio reveladas por el mercado, a las que podemos denominar “tendencias intersubjetivas del valor de mercado de un inmueble” se pueden conocer “objetivamente” antes de la compraventa, permitiéndonos establecer un valor-precio plausible. Un proceso de conocimiento que es complejo y arduo, sometido a infinitud de supuestos y variables, y expuesto a innumerables incertidumbres e imprecisiones.

La utilidad de las agencias inmobiliarias en la determinación del valor-precio de una casa en los dos sentidos referidos es evidente, haciendo de su intervención no sólo algo pertinente sino inexcusable. En primer lugar, ellas conocen mejor que nadie las tendencias de valor del mercado inmobiliario, de manera que son los agentes óptimos para la determinación del precio aproximativo o real-posible de cualquier inmueble, el único que puede orientar al cliente comprador o vendedor en sus apreciaciones individuales. En segundo lugar, lo es también a la hora de lograr, con medios específicos, que el precio de compraventa final (valor-precio actual) se establezca en cada caso de tal manera que alcance un punto satisfactorio para todos los implicados (subjetividades), compradores o vendedores, a los que la propia inmobiliaria, por su conocimiento del mercado, es capaz de poner en contacto de manera adecuada. En este sentido, hay que decir que cuando una inmobiliaria gana ello es porque todas las partes ganan. No lo hace a costa de ellas. Una inmobiliaria no encarece las cosas sino que hace que éstas se puedan vender de la mejor manera posible, a saber, colmando plenamente los deseos de compradores y vendedores.

Autor: Ramón Imaz Franco (Dr.)